Nivel

Lee el resumen
en nivel básico
Escucha y lee
Download


Carlos Sánchez es un observador del volcán Tungurahua. No recibe paga y solo trabaja con su teléfono móvil, binoculares y una radio. Se preparó sin planearlo para servir a un coloso natural y alertar a su pueblo natal. Sin imaginarlo, su lugar de trabajo es uno de los sitios turísticos favoritos para quienes visitan Ecuador. Esta es la historia de un hombre que prometió y sigue cumpliendo, y de una “Garganta de fuegoimpredecible.

Texto: Ricardo Meneses
País: Ecuador

arlos Sánchez no sabe cuál fue el momento más difícil de su vida. Se le viene a la mente el conflicto entre militares y civiles en Baños de Agua Santa, un poblado en las faldas del volcán Tungurahua. Quizá fue cuando desobedeció a sus padres y se enlistó en la milicia. O puede ser la última gran erupción del volcán en 2006 en plena madrugada, cuando alertó a miles de personas.

Sánchez, de 76 años de edad, duda porque es un agradecido de Dios, un humilde optimista, que recuerda cada etapa de su vida como una preparación para el futuro. Don ‘Carlitos’ es el único observador del Tungurauhua (a 205 km de Quito). Se ubica en una casita en un árbol para monitorear la actividad volcánica. No tiene equipos avanzados. Su vida es una crónica de pasos invisibles que lo llevaron a convertirse en el hombre que el volcán necesitaba.

A los 17 años, Sánchez aceptó el primer reto de servir a la gente. Fundó y formó parte del Cuerpo de Bomberos voluntarios de Baños de Agua Santa. Sin un centavo, ni recursos propios, el grupo empezó a formarse para brindar apoyo y ayuda en emergencias. “Ser caritativos y ayudarnos entre seres humanos”, recalca Sánchez como las virtudes de aquel aprendizaje.

Sus funciones en la recién fundada compañía de bomberos no lo desviaron de su sueño. Sánchez tenía entre ceja y ceja convertirse en soldado. Cuatro veces trató de ingresar a la milicia. En el último intento aprovechó el descuido de sus padres por la noche y se quedó en el destacamento.

Sirvió en la frontera con el Perú. En medio de la Amazonía, aprendió de las rutinas a planchar, cocinar y servir. Tareas, que en la vida civil, eran reservadas para mujeres. “No son una humillación. Todas esas ‘cositasse han ido sumando”, asegura. En 1995, cuando el conflicto entre Ecuador y Perú volvió a momentos críticos, estuvo en un destacamento revisando el armamento que se enviaba a las tropas. Uno a uno, los aprendizajes y experiencias formaron su mente y sus valores.

El llamado

Su oficio de bombero voluntario no terminó cuando pasó al servicio militar. Durante 30 años formó parte de los “casacas rojas” en su natal Baños. En 1999, tras abandonar su cargo como militar, Sánchez trabajó en la empresa eléctrica local, donde se jubiló. Fue en ese momento que recibió la “llamada del volcán”.

La ingeniera Patricia Mothes del Observatorio del Volcán Tungurahua junto con altos mandos militares visitaron a los bomberos. Pidieron ayuda de voluntarios que conociesen la zona cercana al volcán para instalar máquinas de monitoreo. Sánchez fue el nominado por sus compañeros.

“En la ladera de mi terreno pusieron un equipo rudimentario que no tenía ni antena. Yo, con un machete, corté y le di forma a un palo para que sostenga la antena a dos metros del suelo. Colocamos unos ocho equipos”. En septiembre de 1999 ya se presentaron los primeros indicios de que la ‘Mamá Tungurahua’ estaba por despertarse.

Desde ese entonces, la relación de Sánchez y el observatorio del volcán no terminó nunca. A pesar de los riesgos que corre, ninguna institución pública le ha remunerado. De hecho, desde el primer momento las autoridades le advirtieron que no había dinero para pagarle. Durante las épocas de erupciones constantes, Sánchez recibió raciones de alimentos. “Es un compromiso que le hice a Dios”, aclara. La promesa que fue motivada por culpa del mismo volcán.

Evacuación y batalla

El 17 de octubre de 1999, la “Garganta de fuego” (traducción literal del nombre del volcán en quechua), se desató. Lluvia de cenizas, olor a azufre, explosiones y descenso de material volcánico, provocaron que el gobierno decidiera la inmediata evacuación de los pueblos aledaños.

La vida en los centros de ayuda no era fácil. Muchos llegaron con animales y no tenían campo para mantenerlos. La comida llegaba por raciones limitadas. “Si seguía evacuado 15 días más o me volvía loco o me iba a la cárcel”, asegura Sánchez.

Además, el control para ingresar a Baños estaba resguardado por uniformados. Tras varias disputas verbales con habitantes de la zona donde fue evacuado, Sánchez regresó a su hogar en la zona conocida como Runtún. Mintió a los oficiales de guardia. Les aseguró que viajaba al oriente con su ganado. Apenas llegó a su casa, se arrodilló y juró a Dios y a la Virgen de Agua Santa que no abandonaría ese lugar para alertar sobre el volcán. “No había ceniza, nada. Yo no entendía por qué nos tenían tanto tiempo evacuados”.

Quienes se quedaron, en su mayoría campesinos, buscaban la forma para cuidar las casas del pueblo. Los habitantes del Puyo, ciudad a una hora de Baños, se unieron también al pedido para que se habilitasen las carreteras. Sin vías de transporte, los pueblos quedaban aislados sin comida o medicinas.

El 5 de enero del 2000, miles de evacuados caminaron hacia Baños y se quedaron a las puertas por el bloqueo de los soldados. Desde el interior del pueblo, la preparación militar de Sánchez fue fundamental. Instruyó a civiles para realizar emboscadas a los soldados de guardia. “Qué pena que tengamos que enfrentarnos entre Fuerzas Armadas, entre los activos y los pasivos”, recuerda que le decía al resto del grupo.

En el fin del mundo

Su hogar en Runtún, a más de 3000 metros de altura, es un punto clave para la observación del volcán. El Instituto Geofísico Militar ha instalado varios equipos de monitoreo para detectar con rapidez lo que sucede en las profundidades del Tungurahua.

Sánchez cumple su labor de reportar a través de su radio. Desde una casa de árbol, construida junto con uno de sus yernos, vigila al volcán. No solo sirve para eso. Colgó un columpio en sus ramas y este se ha convertido en una de las atracciones turísticas de Ecuador. Las redes sociales están llenas de fotografías del “columpio del fin del mundo”. Es que cuando se está en pleno vuelo, parece que el abismo está justo debajo de los pies. Las visitas turísticas a su hogar son el sustento de Carlos y su familia.

Recuerda la erupción en agosto de 2006. Protegido con un casco, gafas y un abrigo, avisó a las autoridades de lo que veía en la madrugada. Tras el reporte le pidieron que corriera, porque el fuego apremiaba. Afortunadamente, su casa no fue afectada en gran medida. La lluvia de piedras incandescentes y ceniza, a parte del aire tóxico, fue lo más grave. La lava y los lahares dejaron imágenes duras de olvidar en otras zonas. La erupción arrasó con cultivos, casas, vegetación y animales que no lograron huir.

“Muchos dirán ‘pero si él no gana ni medio, ¿por qué está arriesgando la vida?’”. Sánchez siente que su amor por servir, por proteger la vida del lugar, lo motiva. Y sobre el volcán solo tiene palabras de respeto. “Es mi amigo y enemigo”, expresa. No importan los momentos duros, solo agradece a Dios “por haberme dado más de lo que he perdido”.

Algunos datos

• El volcán Tungurahua tiene una altura máxima de 5023 metros sobre el nivel del mar.

• El Tungurahua es la novena montaña más alta de Ecuador. El Chimborazo es el volcán y la montaña más alta en el Ecuador (6286 mt).

• Baños de Agua Santa se encuentra a 3 horas de viaje de Quito. Existen piscinas de aguas termales y se practican deportes extremos.

• El 16 de octubre de 1999 por disposición de la Presidencia de la República se decretó la alerta naranja en la zona de alto riesgo donde se encuentra Baños, Bilbao, Cusúa, Pondoa y otras poblaciones. Un total de 25 000 personas fueron evacuadas.

• El volcán ha presentado actividad sísmica desde 1999. Las erupciones más fuertes ocurrieron en julio y agosto de 2006.

• Otros volcanes que superan los 5000 metros sobre el nivel del mar en Ecuador son: Chimborazo (6268), Cotopaxi (5897), Cayambe (5790), Antisana (5704), El Altar (5319), Sangay (5300), Iliniza Norte (5248), Iliniza Sur (5126) y Carihuairazo (5018).







feedback
name@example.com

Versión Principiantes – A2


Mi amigo y enemigo: "Garganta de fuego"


El famoso pueblo de Baños en Ecuador está coronado por el volcán Tungurahua, que significa "Garganta de fuego". Este es un volcán activo que puede entrar en actividad en cualquier momento. Carlos Sánchez es la persona que controla su actividad diariamente desde una casita en un árbol.

Carlos siempre ha sido un hombre de servicio. Fue el primero en hacerse voluntario para fundar la compañía de bomberos de Baños, después se unió, sin permiso de sus padres, a la milicia; una vez jubilado de una empresa eléctrica, aceptó el ofrecimiento de ser el observador del volcán, una vez más de voluntario.

En 2006, Carlos alertó en plena madrugada a miles de personas, porque el volcán había comenzado a hacer erupción. Protegido con un casco, gafas y un abrigo, avisó a las autoridades lo que veía. La lluvia de piedras incandescentes y ceniza, además del aire tóxico, fue lo peor. La erupción arrasó con cultivos, casas, vegetación y animales que no lograron huir. Afortunadamente, su casa no fue muy afectada.

Desde su hogar en Runtún, a más de 3000 metros de altura, Carlos ayudó a instalar las antenas de monitoreo y una de las atracciones turísticas más importantes del lugar: "el columpio del fin del mundo", que representa la foto imperdible del lugar para todos los visitantes.

Comprensión

A continuación verás las preguntas de comprensión del texto. Lee y escucha el texto para responder a las preguntas. (Te recomendamos leer primero y escuchar después)

Mi amigo y enemigo: “Garganta de fuego”

Quiz

 

Gramática y Usos

A continuación encontrarás dos documentos PDF con la explicación del Uso y Gramática.

A1 ‘ Formación del plural de los sustantivos

B1 ‘ El dinero en Ecuador .

Vocabulario

Garganta de Fuego

Vocabulario Resumen

¿Quieres conocer más sobre Ecuador?

Descubre sus imágenes, sonidos y sabores:

¡Viaja y aprende!