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Manuscritos, primeras ediciones, cartas, guiones cinematográficos, investigaciones científicas y galardones donados por escritores y artistas llenan el sótano del Instituto Cervantes de Madrid. Un lugar especial, pues es la caja acorazada del antiguo Banco Central, donde antes se guardaba dinero, oro y joyas. Hoy se custodian los objetos más queridos de más de 30 representantes de la cultura hispana. Es la Caja de las Letras, un espacio destinado a la memoria cultural del idioma español.

Texto: Elena Ayuso
Fotos: Elena Ayuso / Instituto Cervantes
País: España

ue en 2007, cuando el Instituto Cervantes (IC) se mudó al bellísimo y centenario edificio de la calle Alcalá de Madrid, cuando surgió la idea. El “edificio de las cariátides”, como se le conoce por las figuras esculpidas en su fachada, había sido la sede del Banco Central y disponía de un sótano con una gran cámara acorazada, dotada de 1800 cajas de seguridad.

El escritor César Antonio Molina era entonces el director del IC y vio en esa caja fuerte, habitual refugio de dinero y joyas, el lugar ideal para atesorar “el mayor activo de nuestro país, que es la lengua común de 500 millones de hablantes”, recuerda ahora.

Así, decidió que todos los autores reconocidos con el Premio Cervantes, el galardón de literatura en lengua española más importante instituido a partir de 1976, fueran llenando cada una de esas cajas con un objeto personal, que fuese testigo y recuerdo de su trayectoria. El mismo autor decidiría cuándo volver a abrir la caja para recuperar su legado.

Desde entonces, el ritual se celebra días antes de la entrega del reconocimiento que el Rey de España realiza en Alcalá de Henares (ciudad natal de Miguel de Cervantes) el 23 de abril, que también coincide con el Día Internacional del Libro.

Legado de artistas

Esta tradición no está reservada exclusivamente a los galardonados con el Premio Cervantes. Otros escritores y artistas, músicos, científicos, cineastas o actores están presentes en esta caja. Un total de 32 personalidades del mundo de la cultura hispana se han acercado hasta la sede del IC y han ocupado alguna de esas cajas.

El escritor Francisco Ayala inauguró esta tradición en el año 2007 depositando una carta manuscrita y un legado personal, cuyo contenido no se conoce; ambos permanecerán guardados hasta 2057, fecha elegida por el autor para que se abra la caja número 1000 que lo contiene.

Además de los premios Cervantes de la última década (como Antonio Gamoneda, José Emilio Pacheco, Ana María Matute o Nicanor Parra), otros escritores como Carlos Edmundo de Ory o Jorge Edwards también han contribuido a enriquecer el tesoro que guarda la Caja de las Letras.

Tampoco es exclusivo de los españoles e hispanoamericanos, ya que el pasado mes de octubre el historiador e hispanista británico John Elliott tuvo la oportunidad de ocupar la caja 1492 con un reloj comprado en Suiza, producto de las ganancias de su primer libro.

También hay objetos de personalidades que nunca han podido pisar la Caja de las Letras, legados donados “in memoriam”. Una de las cajas contiene tierra del patio de la casa natal de Gabriel García Márquez. De Antonio Buero Vallejo se conserva su pipa y un bolígrafo con el que escribía sus obras; y del cantautor argentino Atahualpa Yupanqui las tarjetas postales que escribía a su mujer.

Incluso hay un legado del poeta Miguel Hernández, fallecido en 1942, ya que Emilio Bascuñana, alcalde de Orihuela (villa natal del escritor), depositó la primera edición de su primer poemario, “Perito en luna”, en un acto que buscaba “unir Madrid y Orihuela, las dos ciudades más importantes para Miguel Hernández”, según confiesa Bascuñana.

Secretos con caducidad

Al principio, nadie declaraba el contenido del legado, hasta que la bióloga Margarita Salas rompió la tradición: declaró que cedía dos cuadernos de sus investigaciones genéticas realizadas con el Premio Nobel de Medicina Severo Ochoa en Nueva York.

Desde entonces, muchos de los donantes han hecho público lo que dejan en la caja. El último de ellos fue el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, quien depositó una carta de Rubén Darío y otra de Augusto César Sandino. “Tras mucho reflexionar, decidí elegir un legado que trascendiera a mí mismo y a los instrumentos de mi oficio”, señala.

“Dejo aquí estos dos documentos porque las personas que los firmaron representan la esencia de Nicaragua a través de la palabra y la dignidad. Ambos nos dieron nuestro sentido de nación”, sostiene. Y añade que “no podía dejar nada mejor que la firma de los dos nicaragüenses que me legaron un país: su puño y su letra”.

Quizás uno de los contenidos más originales sea el del músico Luis de Pablo, que ha dejado una partitura inédita que ha de interpretarse cuando fallezca. Esa es otra de las tradiciones: los donantes eligen la fecha en que se abrirá la caja. Ellos mismos o sus herederos recuperarán el contenido. Otros han elegido fechas lo suficientemente lejanas como para que ellos ya no estén en este mundo. Es el caso de Nicanor Parra, que “recuperará” la máquina de escribir donada cuando llegue el día de su 150 aniversario.

La caja que más tardará en abrirse es la del escritor mexicano José Emilio Pacheco; en concreto el 21 de abril de 2110, una fecha que no permitirá a nadie vivo conocer su contenido.

Los precursores

Ya se han abierto tres cajas. La primera de ellas fue la de la editora Carmen Balcells, que había donado fotos y documentos de un auténtico desconocido: Aliocha Coll. Ella lo consideró el “gran escritor maldito”. Su caja solo permaneció cerrada un año.

La del actor Manuel Aleixandre fue la segunda apertura, un mes después del centenario de su nacimiento. Su heredero recuperó el Premio TP de Oro con el que se había reconocido la trayectoria artística del genial intérprete español.

Y la bióloga Margarita Salas retiró sus cuadernos ella misma el pasado mes de febrero, declarando que “ha sido un gran honor para mí guardar aquí este legado” durante 10 años.

Sin embargo, la tierra de Aracataca (Colombia) que contiene la caja de Gabriel García Márquez se quedará allí para siempre.

Los días en los que se abre la Caja de las Letras para recibir o retirar legados solo se permite al acceso a invitados y periodistas. El público puede visitarla en los días que el instituto decide como jornada de puertas abiertas.

Es el caso de Cristina Sáiz, una madrileña que aprovechó uno de esos días para conocerla por dentro. “Me parece una idea extraordinaria, muy curiosa y muy romántica. Los legados de artistas rompen el aura fría de la caja fuerte. Estaba deseando conocerla”, cuenta.

La cámara acorazada se conserva como era desde su inicio, hace un siglo. Una gran puerta circular da paso a un espacio de dos plantas, con un pasillo central y 1800 cajas que ocupan las paredes de la gran sala. Esta Caja de las Letras, que desde hace una década alberga en su interior el patrimonio cultural de la lengua española, tiene todavía mucha vida por delante y muchos tesoros que guardar.

Al servicio de la lengua

El Instituto Cervantes (cervantes.es) fue creado en 1991 para promover la enseñanza, el estudio y el uso del español. Su objetivo es contribuir a la difusión de la cultura hispánica en el exterior. Está presente en 87 centros distribuidos en 44 países por los cinco continentes. Además, cuenta con dos sedes en España, la sede central de Madrid y la sede de Alcalá de Henares.

Sus grandes líneas de actuación comprenden la organización de cursos y diplomas oficiales de lengua española; la actualización de los métodos de enseñanza y la formación del profesorado; y la realización de programas de difusión de la lengua y cultura española, tanto en colaboración con otros organismos españoles e hispanoamericanos como con entidades de los países anfitriones. Además, el instituto gestiona la mayor red de bibliotecas españolas en el mundo.

La presidencia de honor la ostenta el Rey de España, mientras que la ejecutiva corresponde al Gobierno español. Son vocales los galardonados con el Premio Cervantes.







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Versión Principiantes – A2


Cultura hispana en una caja

En 2007 el Instituto Cervantes (IC) se mudó al edificio que había sido la sede del Banco Central Español. Este tenía un sótano con una gran bóveda, con 1800 cajas de seguridad.
El escritor César Antonio Molina, exdirector del IC, vio en esa caja fuerte el lugar ideal para guardar objetos valiosos de quienes contribuyen a la lengua y cultura hispana.
Así, todos los autores reconocidos con el Premio Cervantes, el galardón de literatura en lengua española que se entrega desde 1976, han ido llenando cada una de esas cajas con un objeto personal, un recuerdo de su trayectoria. Cada autor decide cuándo volver a abrir la caja para recuperar su legado.
Desde entonces, el ritual se celebra días antes de la entrega del Premio Cervantes en Alcalá de Henares (ciudad natal de Miguel de Cervantes) el 23 de abril, Día Internacional del Libro.
Esta tradición no es exclusivamente para los ganadores del Premio Cervantes; escritores y artistas, músicos, científicos, cineastas o actores, en total 32 personalidades del mundo de la cultura hispana, ya han dejado algo.
El escritor Francisco Ayala inauguró esta tradición en el año 2007 depositando una carta manuscrita y un legado personal, que permanecerán guardados hasta 2057.
Además de los premios Cervantes de la última década: Antonio Gamoneda, José Emilio Pacheco, Ana María Matute o Nicanor Parra, otros escritores como Carlos Edmundo de Ory o Jorge Edwards también han contribuido a la Caja de las Letras.
También hay objetos de personalidades donados “in memoriam”. Por ejemplo la caja de Gabriel García Márquez contiene tierra del patio de su casa natal. De Antonio Buero Vallejo se conserva su pipa y un bolígrafo con el que escribía sus obras.

Comprensión

A continuación verás las preguntas de comprensión del texto. Lee y escucha el texto para responder a las preguntas. (Te recomendamos leer primero y escuchar después)

Cultura hispana en una caja

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Gramática y Usos

A continuación encontrarás dos documentos PDF con la explicación del Uso y Gramática.

A2 ‘Sonidos de los animales + denominación .

B1 ‘Uso de la exclamación. .

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Caja de Cervantes

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